Puedo dar, antes de preguntarte, mi respuesta: casi nada. Y voy a explicar el “casi”.

Las cámaras en esencia no han cambiado mucho. Seguimos teniendo que capturar la luz; y los controles de nuestras cámaras siguen funcionando con tiempos de exposición, apertura, sensibilidad ISO, etc … Dependiendo del tipo de cámara podremos tener espejo, mejor o peor simulación de lo que era el ISO, pero realmente cuando tienes en tus manos una cámara no varía mucho de lo que tenías hace 20 años (me estoy olvidando de ver histogramas, live view y similares)

Es verdad que antes las cámaras eran más “macizas”. Se notaba que la obsolescencia programada no estaban tan imbuida en los fabricantes.

Con la fotografía digital el elemento principal de nuestra cámara es el sensor. Su rango dinámico, su capacidad para capturar colores, la reducción de ruido. etc … es el diferenciador destacado entre un modelo de cámara y otro.

carrete ¿Qué echas de menos de la fotografía química?

Y esto es lo único que hecho de menos de la fotografía química. El “casi” que comentaba al principio. Antes el carrete podía ser importante, pero daba igual que cámara tuvieses (salvando las distancia), el “sensor” era el mismo si ponías el mismo carrete en diferentes cámaras. Es verdad que no todo el mundo cargaba en su cámara un Kodak 400 ASA (quizás el más estándar de centro comercial). Si ponías un, por ejemplo, Ilford Delta 3200 Profesional ya se sabía que estabas buscando algo “especial”.

Me gustaba esa democratización que permitía a cualquiera conseguir resultados profesionales (era caro, pero se podía acceder a laboratorios que sabían revelar esos carretes especiales). Ahora dependes mucho del sensor de la cámara para conseguir determinada calidad.

Ahora bien, dije que no echaba de menos “casi nada”, no una “única cosa”. Lo otro es que éramos más selectivos en el disparo. Cuidábamos más los parámetros de la toma para obtener la mejor exposición. Llegar a casa con una tarjeta llenas de miles de ficheros termina con la paciencia de cualquiera. Antes eran 24, 48 fotos si se te daba bien la tarde. Tener tan pocos disparos en el carrete … en su momento lo veía como un suplicio … hoy como una delicia.

Y tú, ¿qué echas menos de la fotografía química?

Sí, sigo vivo.

Tenía muchos temas pensados sobre los que escribir durante 2013. A mitad de año cambié el diseño de mundoparalelo, pero no se puede decir que haya sido prolífico en publicaciones para explotar este cambio de diseño.

Aunque llevo varios años con una carga laboral tremenda, este año está siendo muy intenso con proyectos fuera del ámbito fotográfico. No me quejo, estoy haciendo cosas que me gustan, pero ahora mismo es complicado llegar a todo.

Por otro lado a finales del año pasado sufrí un problema en la retina (afortunadamente ya curado) pero que me dejó un período complicado. Y hace apenas un mes me rompí un brazo en una de las pocas sesiones en las que he hecho algo en exterior. Si consultáis la web de Vampy (http://solofotography.blogspot.com.es/2013/11/fotos-en-otono-en-bosques.html) justo en la última foto (fue toda una casualidad), el que está en medio sujetándose el brazo soy yo, unas horas después de la caída y haciendo el tonto pensando que había sido un dolor muscular fuerte. He seguido “operativo”, pero no para el blog y la cámara.

Así que he ido alejando todo: artículos, fotos sin procesar (algunas de hace meses), un minilibro que está casi a punto, determinados cursos y talleres, sesiones que he ido retrasando y retrasando … en fin, un año muy malo fotográficamente hablando. Con cámara nueva a la que aún no he podido sacar todo el partido que quería; y con modelos que me odiarán por los retrasos tan grandes que he provocado en muchas cosas.

Como siempre digo, espero que la situación se normalice. No os vayáis y suscribiros a la Lista de Correo de Julio Mateos Photography si queréis ser los primeros en enteraros de lo que está por venir. Además, los suscriptores os vais a llevar antes que nadie, en cuanto esté disponible (espero que para el primer trimestre de 2014), ese minilibro sobre retrato que seguro os va a gustar.

La memoria no guarda películas, guarda fotografías – Milan Kundera

Como ya sabréis el pasado 25 de Octubre se entregó el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2013 a Annie Leibovitz.
Annie Leibovitz despierta posiciones muy encontradas, pero no hay que olvidar que se trata de un “mito viviente” de la fotografía.

Annie Leibovitz Discurso de Annie Leibovitz, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2013

Os dejo con su discurso, tanto dicho en tan poco espacio.

Es un honor realmente extraordinario. Estoy profundamente agradecida y honrada por estar con ustedes esta tarde. Con este premio, me unen a un grupo maravilloso de artistas, escritores, compositores, arquitectos y cineastas. En este momento, me viene a la mente una galardonada anterior que significó mucho para mí: Susan Sontag.

Me siento muy orgullosa por estar aquí y mi orgullo es aún mayor al representar el medio de la fotografía. Hace quince años, en 1998, otro fotógrafo, Sebastiao Salgado que sirve de inspiración a tantos de nosotros fue galardonado por la Fundación.

Para mí, la fotografía representa la vida misma. Es comunicación y permite el intercambio de experiencias. Nos permite mostrar a otros lo que vemos, las cosas que nos fascinan, las personas y los lugares que amamos y apreciamos. Algunos fotógrafos desvelan nuestras dificultades y desdichas, aquello que nos traiciona y nos frena. Otros nos transportan a mundos que nunca podríamos visitar, o nos ayudan a entender mejor a personas a las que, de otra manera, nunca conoceríamos.

Al mismo tiempo, con una cámara podemos retener los momentos fugaces de nuestras vidas. Una fotografía posibilita que recordemos, por ejemplo, esa estampa increíble que nos fascina cuando la vemos y que luego desparece de nuestra visión. O ese memorable evento; ese lugar que visitamos una vez; nuestros hijos que crecen y cambian tan rápidamente. Las personas que amamos y de quienes aprendemos. Los momentos felices, tristes y profundos que animan y enriquecen nuestros días. La fotografía siempre ha tenido ese increíble poder para detener y retener el presente, antes de que desaparezca en el pasado.

Y, sin embargo, el valor de la fotografía como una actividad seria se ha puesto en duda desde la invención de las cámaras. Durante mucho tiempo, la cuestión era si la fotografía era arte o no. Finalmente se decidió que la respuesta era que sí, pero ahora la pregunta es si la fotografía ha muerto o no.

Hasta se hacen congresos sobre este tema. En uno de esos congresos se planteó recientemente que, aunque la fotografía podría no haber muerto, sí era muy probable que los que hubieran muerto fueran los fotógrafos.

Aquí y ahora, cuando más personas que nunca han aceptado la fotografía como forma de arte, otros se preguntan si la imagen fija podrá sobrevivir en esta era de la imagen digital, de los teléfonos con cámara, de las grabaciones de vídeo de fácil acceso y de la cada vez mayor influencia de la televisión y de Internet sobre el objeto fotográfico y la página impresa. ¿Es la fotografía menos especial que nunca, menos significativa, ahora que cualquier persona puede hacer una foto, que se hacen millones cada segundo y que nadie sabe si todas esas imágenes digitales van a sobrevivir o cómo lo harán?

La verdad es que la fotografía se inventó precisamente para que cualquier persona pudiera crear una imagen. Para que cualquier persona, de cualquier clase o posición social, pudiera tener una imagen de ella misma, o de sus familiares y amigos, o de los paisajes y las vistas y las cosas que fuesen importantes para ella. El poder de la fotografía es el poder de compartir nuestras experiencias con otras personas, al margen de las diferencias temporales, geográficas, de educación y de creencias. El poder de mostrar lo que, de otra manera, no podría creerse. El poder para detener y retener esos momentos que acaecen fugazmente a nuestro alrededor.

Pero ser fotógrafo es una elección.

Comprendí de joven que lo que hacía tenía importancia. A principios de la década de los setenta, tuve la suerte de formar parte de una revista, Rolling Stone, donde me tomaron en serio. Tan en serio como podía ser tomada una chica que trabajaba en una revista en la década de los setenta.

Mi vida transcurría de un trabajo a otro. Hacía fotos de los conciertos de rock pero nunca oía la música. Mirar no me permitía hacer nada más. El mirar me consumía. Mi estado de ánimo dependía de la última fotografía tomada. Si hacía una buena fotografía, estaba eufórica, viva. Si mis fotos no eran buenas, me sentía fatal, fracasada, deprimida. Hasta que hacía la siguiente fotografía buena.

Fui reportera gráfica en un primer momento y de pronto me vi haciendo retratos. El retrato me dio la libertad de poder tomar partido, de tener una opinión, de ser conceptual y de poder seguir contando historias. No tengo las habilidades sociales que tienen muchos buenos retratistas, pero amo la fotografía. La fotografía siempre ha sido lo primero.

Para el fotógrafo, la fotografía no es sólo algo que queda registrado. Es la expresión de un punto de vista. El trabajo del fotógrafo es expresar ese punto de vista de forma tan acertada y consciente como le sea posible, con su talento, experiencia e intuición.

El fotógrafo es quien registra la experiencia de la mirada y la transforma en una imagen duradera.

Humildemente, creo que este honor que me otorgan esta tarde refleja la convicción de que la fotografía tiene un poder increíble. Que a pesar de que está cambiando, la imagen es cada vez más relevante y tiene más fuerza en nuestras vidas que nunca.

Muchas gracias.

Crédito fotografía: Jorge Barrios

La fotografía es una herramienta para tratar con cosas que todos conocen pero que nadie presta atención. Mis fotografías se proponen representar algo que ustedes no ven – Emmet Gowin